Orgullo nacional por nuestra selección y nuestra bandera
La selección nos ha vuelto a sacar a todos a la calle con la camiseta y la bandera de España
Pase lo que pase contra Alemania, España es una de las grandes triunfadoras de este Mundial porque ha conseguido que el optimismo y la ilusión se apoderen de un país más necesitado que nunca de alegrías.
Esta selección ha recuperado el orgullo por nuestra bandera, que ha tomado las fachadas de nuestros edificios y que es paseada por las carreteras sobre las cabinas de los camiones y en las antenas de los coches. El amor por los colores y el escudo constitucional que nos representan a todos, especialmente a los jóvenes. Gracias a este entrenador y a este grupo histórico de jugadores, los españoles hemos salido a nuestras calles y plazas para disfrutar y sufrir los partidos en compañía de nuestros amigos y familiares. Todos unidos por un mismo sentimiento que ha inundado España de norte a sur y de oeste a este. El “yo soy español” y el “a por ellos”. Los gritos de un país fundido en una sola garganta en nuestro himno sin letra con el que alucinan todos los países y que nos pone la carne de gallina. La furia española y el “tiqui-taca”.
El éxito se lo debemos a todos y cada uno de estos futbolistas que sembraron en la Eurocopa, recogieron el fruto del título continental y ahora siguen cosechando complicidades con cada nuevo giro de la pelota gracias a su esfuerzo, a su humildad y a su compromiso.
Son una piña, un grupo sabiamente dirigido por mi paisano Vicente del Bosque, que supo recoger todo lo bueno de la etapa de Luis Aragonés y sólo introducir los cambios necesarios para que el motor de la selección no se parara. Ya he contado en este blog y en mi muro de facebook que Don Vicente es como las encinas charras, tan duras, fuertes y resistentes que ni zapatones ni huracanes pueden moverlas. Como escribí el 27 de marzo, cuando disfruté de su palabra en el Foro de Tribuna de Salamanca, Vicente del Bosque representa el triunfo de la sencillez y la humanización del deporte. Con su cordura y sentido común nos devuelve la esencia y el gusto por el juego. Lo ha ganado todo, primero como jugador y después como entrenador, pero él éxito no le ha cambiado. Tampoco ahora al frente de nuestra selección porque sigue con la misma ilusión que cuando era un chico del barrio de Garrido que soñaba con ser futbolista. Dentro y fuera del campo, todo lo sigue haciendo fácil. Y eso es lo realmente difícil.
Por todos estos valores, Vicente del Bosque comienza la rueda de prensa del domingo felicitando a Rafa Nadal por su éxito en Wimbledon, Iker Casillas se acuerda de Reina para agradecerle sus consejos para detener el penalti a Paraguay, y los suplentes sienten la camiseta como si la estuvieran sudando en el campo desde el minuto uno. Porque son un equipo y todos los españoles también nos sentimos parte del grupo de elegidos. Su éxito pertenece a todo un país.
Ahora, a las puertas de una semifinal histórica contra Alemania, es momento de acordarse de muchos momentos, jugadores y entrenadores:
Por el no gol de Cardeñosa en Argentina, por las narices rotas de Luis Enrique en Estados Unidos, por el árbitro en el Mundial de Corea, por el penalti de Eloy en México, por Arconada, por Zarra, por Matías Prats, por el Mundial 82, por Casillas y Villa, por Kubala y Di Estefano, por la Quinta del Buitre, por Raúl, por la furia de España, por Ricardo Zamora, por tantos y tantos, por la encina de Salamanca, que es Vicente del Bosque, por todos los españoles, estén donde estén, Por el rey… ¡Por fin veremos una semifinal de un Mundial en color! ¡Viva España!